«IMPACTO DEL POPULISMO EN LA GLOBALIZACIÓN: CASO 4T MEXICANA»
Estamos en un proceso grave de división y enfrentamiento entre dos grupos políticos, que en cantidad de la población mexicana representan, aproximadamente, el 40% de los ciudadanos en edad de votar. Los dos grupos son partidarios de distintas orientaciones ideológicas, aunque en su mayoría, a ciencia cierta, dudo que las conozcan en su amplitud y su efecto cuando se asumen como gobierno de la llamada ‘Cuarta Transformación 4T’.

La orientación liberal, dividida en dos acepciones: la clásica y fundamental que apoya los principios de una democracia representativa cuyo gobierno es republicano, y electo por el voto mayoritario de la ciudadanía, la cual distribuye su composición, entre los votos obtenidos por los partidos participantes.

Aquí el problema consiste que los votos son obtenidos en base a una propaganda un tanto difusa y confusa sobre lo que prometen hacer como gobierno, lo cual, en la realidad, ya como gobierno hacen lo que quiere la minoría dirigente y no el electorado. A veces ni siquiera lo que desean sus seguidores y votantes, cayendo por ello, en la moda conocida como ‘populismo’.

Las bases del liberalismo implican que la forma de organización de la sociedad como Estado-Nación, es aceptada bajo los principios de que el Estado tiene como obligaciones: Mantener y defender la seguridad nacional para la vida, y el respeto de las propiedades de los ciudadanos e instituciones públicas y privadas, contribuir y apoyar el desarrollo socioeconómico (no confundirlo sólo con el crecimiento), dar un sentido de futuro como País, defender y mantener la libertad, la igualdad y solidaridad (fraternidad).

Por su parte, la ciudadanía se obliga a respetar las normas que regulan su comportamiento frente a las instituciones representativas del Estado (políticas, económicas, sociales y culturales).

Estas obligaciones recíprocas entre Estado y Ciudadanía, hemos convenido en designarla como la ecuación de reciprocidad que mantiene al Estado- Nación. Como se ve, en la realidad los liberales que así se denominan, de ninguna manera se adhieren totalmente a este paradigma. Ni los gobiernos emanados por supuestos liberales realmente cumplen con estos principios, por lo que la ecuación de reciprocidad siempre oscila hacia los mínimos, lo que produce gobiernos espurios y sectores ciudadanos incumplidos con muchas normas institucionales.

Particularmente, esto es bastante cierto con el vuelco de gobiernos liberales hacia el así llamado ‘neoliberalismo’ prohijado por la orientación economicista del libre mercado.

Nuestra sociedad emergida de este periodo neoliberal (los últimos 40 años), como afirman muchos investigadores y periodistas, la Globalización ha impactado gravemente a los Estados-Nación, los cuales se han desprendido, mediante argucias pseudojurídicas de muchas de sus atribuciones, para adaptarse a las demandas de las economías y finanzas internacionales. En muchos aspectos han renunciado a ser actores directos del desarrollo económico y social, fungiendo sólo como simples administradores de los asuntos públicos y representaciones internacionales.

El minimalismo del Estado ha sido prestamente sustituido por entidades financieras internacionales tal como la “OCDE” y multitud de organismos dependientes de las Nacionales Unidas y de las ONG’s.

Financieramente podemos señalar a las bolsas a las orientaciones que publicitan las corredurías de Nueva York, Londres, Tokio y Frankfurt, replicadas por las de otros países, que amplifican los vaivenes financieros aterrorizando con su neofolklor a los pequeños ahorradores y a los países que buscan desesperadamente recursos frescos para paliar su subdesarrollo.

Evidentemente, la Globalización ha producido todo lo contrario que sus agoreros plantearon. En vez de resolver las crisis surgidas de la segunda guerra mundial, generar el desarrollo que resolvería la pobreza y las diferencias socioeconómicas de los ciudadanos, ha producido lo contrario: grave distribución anómala del producto interno bruto, insultante concentración del ingreso, alta desigualdad entre capas sociales, mayor corrupción y deterioro de las funciones del Estado.

Pero quizás la consecuencia más grave ha sido el surgimiento internacional de muchos gobiernos, de derecha e izquierda, que se han pronunciado contra los efectos de la globalización, amparándose en un espectro ‘populista’, que ofrece todas las soluciones, pero que, en realidad, impulsa medidas paliativas, compulsivas, no planeadas, y sin futuro posible para resolver la grave problemática heredada, y que parecen terminar en regímenes autoritarios, autócratas (poder de un solo hombre) y con procesos muy semejantes a los establecidos por el fachismo italiano (dictaduras).

Si observamos sus políticas, se observa un proceso de reversión hacia políticas que ya han sido anteriormente empleadas y que terminaron en sonoros fracasos. En consenso con sus consecuencias, las medidas adoptadas llevan a estos gobiernos, a constituirse en verdaderos ejemplares autoritarios, tal como los vemos en Turquía, Brasil, Hungría, o vimos con el de Donald Trump en EE.UU.

En el caso de México, bajo un palio pseudosocialista, sufrimos el crecimiento de un gobierno populista con ciertos acentos socialistas, que muestra una capacidad inicua de improvisación, y que ha producido políticas que han llevado a acentuar la pobreza, desaparecer los empleos, aniquilar a las pequeñas empresas, encarecer los productos, aumentar la inflación y, desaparecer instituciones sociales y gubernamentales autónomas, así como distorsionar la constitucionalidad e independencia de los tres poderes del Estado. Hoy visto claramente con el Transistorio recetado a la Suprema Corte de Justicia (golpe duro contra la No Reelección).

Concentrando cada vez más en el Poder Ejecutivo casi toda la autoridad política y económica, sin más plan que hacer sus caprichos personales (tiranía política).

Desafortunadamente, nuestra ciudadanía carece de una suficiente cultura política, nuestra educación todavía es muy deficitaria, y nuestra pobreza económica y de medios genera un proceso de alienación, que prácticamente no la hace capaz de: organizadamente, construir una alternativa política, social y económica que realmente produzca una alternativa fundamentada práctica y racional, frente a la globalización neoliberal y la anarquía neopopulista o neofascista.

El grave problema de este fenómeno social mexicano, a manera de conclusión, es que se está presentando como un laboratorio inacabado de experimentos sociales y políticos neo transformadores, al estilo 4T, que podemos afirmar que comprendemos las causas que originaron este modelo populista de gobierno, pero no sabemos hasta ahora a donde nos conducirá, aunque estimamos que cada día se está pareciendo más al ‘modelo populista chavista’ que tiene hoy por hoy hundida a Venezuela, que llegó a ser un país ejemplo de riqueza petrolera y hoy, es una de las naciones más rezagadas y empobrecidas de América Latina.

Esperemos estar equivocados…