Por Leona

Islas Canarias,España. En una reunión familiar, la señora X ha tenido que lidiar una vez más con las preguntas a diario le disparan como flechas.

Y es que la tía Z y la prima Y están muy interesadas en saber cuándo  va quedar embaraza.

Hace tiempo que X eso lo tiene muy claro y lo ha dicho; no siente ese instinto maternal que tienen muchas mujeres, le gustan los niños sí, pero no para parirlos ella.

Lleva unos años de casada y voluntariamente junto con su marido han renunciado a ser padres, piensan que sería muy injusto traer hijos al mundo sólo por cumplir con una sociedad que viene arrastrando el lastre de la tradición  desde hace siglos:

“Si la infertilidad no es tu problema y no tienes hijos, entonces te conviertes en un ser egoísta que mira sólo por su comodidad”

X piensa: Si no ve ella por su comodidad ¿quién lo va a hacer?

Volviendo a la reunión familiar; no es algo que le extrañe, al mes de casarse ya las otras letras de su familia le cuestionaban sobre el embarazo, era la letanía bien aprendida: ¿para cuándo? ¿no puedes? ¿ya estás en tratamiento? Y solos se contestaban: ¡Ay la pobre no puede tener hijos! ¡no te preocupes mi niña ya vendrán cuando menos te lo esperas! ¡ten fe!

X la única fe que tenía es que un día se cansaran de cuestionarla, sin embargo y a pesar del paso de los años, los prejuicios siguen empañando las reuniones familiares.

Después de darle tantas vueltas al asunto ha habido momentos en que X se ha preguntado ¿si debe sentir remordimiento por no desear tener un hijo? O de plano, ¿si debe sentir remordimiento por no tener remordimiento?

La cultura, la familia y la sociedad,  (en ese orden) pesan mucho en la conciencia, y el parir aparte de formar parte del ciclo de la vida, aunque con alternativa, es parte muy importe en la herencia familiar. Una herencia que recibimos de nuestras madres y ellas a su vez de sus madres, sin derecho a replica. Porque hasta hace unas décadas, si no eras madre no eras una mujer completa.

Y aunque mucho ha cambiado. Los juicios por el egoísmo hacía una persona que decide no ser madre, no cesan.

Así que la señora X ya cansada de la letanía constante y después de darle muchas vueltas al asunto, ha decido prometer  a las otras letras quedar embaraza. Esto sin la menor intención de cumplir su promesa, es sólo para que la dejen tranquila.

Cuál es su sorpresa al escuchar a la H, la que según es muda, decir despectivamente: ¡pues a ver si no te sale con retraso que ya tienes cuarenta años!

Más convencida que nunca y felizmente complacida con el comentario de la insípida, se regodea con el ordenador, llegando a la conclusión que nunca se le da gusto a nadie, y que muchos la llamarán egoísta y le dirán que de vieja se verá sola al no tener quién la cuide, que nunca sentirá la felicidad de ser madre, a la vez que critican a quien tiene muchos hijos porque parece coneja pariendo.

Nota: La felicidad mis queridas vocales y consonantes, se encuentra dentro de lo uno decida, no se basa en opiniones, si no en sentimientos.